Rurouni Kenshin (parte 3)

Declaración: La presente es mi visión de la historia de Rurouni Kenshin. Hago esto como fan, sin fines de lucro.


El matrimonio Himura se instala en su nuevo hogar, en Otsu. Iizuka va a visitarlo con cierta regularidad, llevándole noticias del bando patriota y así pasan cinco meses, acercándose al año nuevo.


La vida de Kenshin ha sido muy plácida. Se ha hecho conocido en el sector como un vendedor de medicinas y la gente se le acerca para pedirle mezclas de hierbas o ungüentos para heridas. Lejos de la guerra, Kenshin por primera vez encuentra un espacio para la reflexión, escuchando los deseos de su corazón. Se da cuenta que ama el Kenjutsu, o arte de la espada, pero que odia matar.


Su relación con Tomoe es más bien platónica, en la que se acompañan, pero cada uno realiza sus labores. Tomoe sigue escribiendo su diario de vida, y de cuando en vez se disculpa por su incapacidad de sonreír o de demostrar cómo se siente. Gentil, Kenshin no la fuerza a nada. Él ama la paz que tienen en ese lugar.


Unos niños de casas cercanas se reúnen para jugar con ellos y Kenshin deja tiempo para complacerlos, después de todo, su infancia duró muy poco. Los niños intentan jugar con Tomoe, pero ella es torpe y no logra conectar con ellos, por lo que la dejan. Sin embargo, un día, algo la inquieta. Los niños han venido a jugar de nuevo, pero se quejan de un compañero que se unió recientemente y es violento. Enishi, hermano de Tomoe, de ocho años.


Kenshin los deja a solas, pero sabe que algo anda mal. Sólo dos personas sabían de la ubicación de esa casa, Iizuka y Katsura. Tomoe no pudo disimular su sorpresa al ver a su hermano y eso le da una pista: Ella no lo llamó. Se da cuenta entonces de lo poco que conoce a Tomoe, no fue buena idea no importunarla con preguntas. Intuye que se vienen problemas.


Enishi dice que dejó la casa hace un año, siguiéndola, y que se unió al mismo grupo de Tomoe para dar con ella. Tomoe le pide que por favor regrese a casa, que ella estará bien. Aquí, Enishi nos revela que Tomoe es una suerte de espía y que por eso se ha mantenido junto a Kenshin. Cuando Tomoe empieza a defender al espadachín, Enishi no lo soporta y se enfurece. No puede creer que ella se haya enamorado de semejante monstruo y se va, advirtiéndole que se verán al día siguiente.


Esa noche, Kenshin da pie para una conversación. Es el momento de conocerse más y Tomoe le cuenta su historia.


Le dice que ella era hija de un hombre muy bondadoso, pero mal espadachín. Que al nacer Enishi, la madre murió y ella crió a su hermano más como mamá que como hermana. Tomoe estaba prometida a un hombre del que estaba enamorada, Akira Kiyosato, pero este no era buen espadachín ni bueno en las artes, por lo que buscó honor sirviendo en la guerra. Tomoe, que dada su inexpresividad no pudo demostrarle que era feliz con él, tal cual era, lo dejó marchar. Tiempo después supo que había sido asesinado como tantos otros en la ciudad.


Se volvió loca de dolor y se fue de casa, llegando al bar donde se conocieron. Tomoe omite que por eso se involucró en un plan para matar a Kenshin. Lo que sí comenta es que se siente culpable por no detener a Akira, que su felicidad se fue con él, que siente que necesita odiar algo. En esta parte Tomoe se derrumba y llora, y Kenshin la contiene en un abrazo.


Kenshin se sincera más tarde, le habla de los ideales con los que entró a la guerra, pero que lo único que logró fue acumular más y más muertes a su haber. Que tras encontrarla él pudo aclararse en muchas cosas y que ahora entendía que la verdadera misión de un hombre era proteger la felicidad de sus allegados. Sabe que posiblemente seguirá matando una vez vuelva al frente, pero quiere cuidar de ella y devolverle esa felicidad que ha perdido y así, ver llegar el día en que él deje de matar.


Tomoe se conmueve con eso y le agradece.


Esa noche cae nieve y un manto blanco cubre los campos. Mientras Kenshin duerme, Tomoe se va. Ella piensa que Kenshin salvará más vidas de las que se llevará y piensa que es él quien debe ser protegido. Aunque él le arrancó el corazón, le ha dado otro y se despide pensándolo como su segundo amor.


Tras una larga caminata, ella llega a la guarida de su jefe y su grupo, donde de inmediato le preguntan sobre el punto débil de Battousai. Tomoe piensa que su bondad, que no conviene a un asesino, pero responde que el sueño. Es cuando su jefe revela que el verdadero plan era crear un punto débil a Battousai , usándola para que él se enamorara de ella y en se día, fuera a buscarla y emboscarlo. Mientras, en la casa, Enishi deja una carta a la vista de Kenshin, que lo hace vestirse, cargar sus espadas y salir en busca de Tomoe.


Kenshin sigue los pasos sobre la nieve y se adentra en bosque particular, pues siente que a poco andar pierde su intuición, de modo que dependerá de sus sentidos. Más allá se encuentra con un hombre que intenta matarlo y al que derrota, pero antes de morir su contrincante acciona una bomba que hace mucho ruido, dañándole el oído.


Kenshin sigue su avance y es emboscado por segunda vez. Él vence, pero una nueva explosión provoca una luz tan potente que lo deja prácticamente ciego. Herido, maltrecho y disminuido, él sigue el rastro de Tomoe, pues nada deseaba más que protegerla.


Tomoe intenta matar al jefe con su tantoo, pero él se lo quita y lo guarda entre su ropa, llevando a Tomoe hasta su casucha, donde la golpea. Tras escuchar las detonaciones, el jefe sabe que Kenshin viene hacia él. Se dispone a esperarlo mientras Tomoe yace semiinconsciente. Kenshin aparece.


Con Kenshin casi sin vista y sin oído, al jefe de la banda le resulta fácil golpearlo. A Kenshin le resulta imposible la defensa, pero su mente trabaja rápidamente para lograr conectar con su adversario. En alguna pausa tiene que lograrlo. Tomoe, desde dentro de su casa, ve la desigual pelea y piensa en su novio que se fue, buscando un mejor futuro para ella. Se da cuenta de que esta vez, si quiere salvar a Kenshin, tiene que tomar un papel más activo que sólo esperar un resultado.


Cuando el jefe se prepara a apuñalar a Kenshin, ella se acerca sigilosa. Kenshin, que no la percibió, sólo fue consciente de la breve pausa que se había creado y lanzó un último golpe, concentrando en él toda la fuerza que le quedaba. Tarde se dio cuenta del perfume de ciruelo blanco que impregnaba el ambiente y atravesó a su adversario, pero también atravesó a Tomoe. El tantoo con el que el jefe pensaba apuñalar a Kenshin y que Tomoe le trató de quitar, salió volando hacia atrás y cortó a Kenshin en la mejilla izquierda, formando la cruz que lo caracteriza.

Como pudo, Kenshin arrastró a Tomoe un poco más allá, mientras recuperaba su vista y oído. Le pide que no muera, que no es bueno que ella muera. Tomoe le hace un cariño, le dedica una sonrisa y fallece.


Días después, tras el funeral de Tomoe, Kenshin revisa su diario y así se entera de que Kiyosato había muerto bajo sus manos y que ella llegó hasta él buscando venganza, pero que en alguna parte de enamoró de él. En eso, Katsura le pide regresar a la batalla y revela que el traidor resultó ser Iizuka, pero que otro hitokiri que se haría cargo de él.


Este hitokiri, de nombre Makoto Shishio, da con Iizuka y le da muerte. Shishio ve su trabajo como un medio para convertirse en amo y señor de la nación, ganando poder no sólo matando, sino que averiguando secretos sucios por ahí.


Kenshin deja el diario de Tomoe consagrado en un templo y regresa al frente. Resguarda a ciertos grupos y en una noche le toca enfrentarse a Saitou Hajime, jefe de una de las tropas del Shinsengumi, su principal opositor.


Más adelante, Kenshin toma su lugar en el frente de batalla. Está cansado y extraña a Tomoe, sueña que ella lo abraza, constantemente. Quizá cuántas veces repitió en su mente el fatídico momento en que le dio muerte, quizá en cuántas ocasiones deseó haber tomado su lugar. Como fuere, ahí estaba, listo para luchar y dar lo mejor de sí. Decían que su espada mataba como si estuviera poseída por el demonio y se insinúa que parte del triunfo patriota, tiempo después, fue gracias a su ayuda.


Cuando la guerra termina a favor de los patriotas, Kenshin tenía 18 años y deja todo, tal como le prometió a Tomoe. Por ahí se topa con Shaku Arai, un maestro que forja espadas, quien se rie de su ideal de no matar nunca más. Shaku lo aterriza diciéndole que alguien como él necesita de una espada, pues con todos los anticuerpos que generó, sin duda habrá gente que lo buscará para matarle. Kenshin insiste en no matar a nadie más, ni siquiera para defenderse, y es cuando Shaku le regala una espada con el filo por el lado reverso, pidiéndole que vuelva a verlo si es capaz de cumplir su promesa.


Con ese implemento, Kenshin inicia su ansiada vida sin matar, yendo de un lado a otro. En diez años recorre todo Japón, ayudando a otros, sin volver a casarse, sin formar un hogar. Y poco a poco va perdiendo de vista esa felicidad que tuvo un día y que, ocupado sólo en expiar su culpas, olvida buscar.



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