Rurouni Kenshin (parte 1)

Actualizado: 29 ago 2020

Rurouni Kenshin es mi manga, animé y películas favoritas de la vida.


El manga fue creado por Nobuhiro Watsuki entre los años 1994 y 1999. Contó con 28 tomos y actualmente hay una continuación en progreso. Y en mi opinión, es un tremendo pedazo de historia.


Lo descubrí en 1998, en Chilevisión, y me enganché con las vivencias del rurouni errante que buscaba expiar sus pecados ayudando a los demás mediante su espada. Si bien estas ayudas podían ser cualquier cosa, como cargar unos cuantos sacos de arroz, por lo general tenían que ver con problemas derivados del abuso de autoridad, drogas o personas atrapadas por la mafia.


Supongo que si no sabes nada de Kenshin, no estás entendiendo ni jota de lo que te hablo, así que partamos por el principio. Pondré todos los spoilers de la vida, así que estás a tiempo de marcharte y descubrir la serie por ti misma.


Había una vez un niño, hijo de campesinos pobres, llamado Shinta. Su familia murió de cólera cuando él tenía como 8 años (en 1860 más o menos), y bueno, él fue vendido a una caravana de esclavos. Esta caravana es atacada por un grupo de asaltantes que, no contentos con robar, empiezan a masacrar a todos.


Tres niñas mayores que Kenshin intentan protegerlo, por ser el más pequeño: Kasumi, Akane y otra que no me acuerdo, pero también mueren destrozadas por las espadas. Justo cuando van a masacrar a Kenshin, aparece un espadachín que mata a todos los salteadores de manera limpia y hasta elegante, si se quiere. Este sujeto, llamado Seijuro Hiko, ve al pequeño, pero no hace nada más por él aun comprendiendo que es el único sobreviviente, y se va. Al día siguiente regresa al lugar y descubre que ese niñito pelirrojo y pequeño se pasó la noche enterrando a todos los muertos, tanto amigos como enemigos. A las niñas que quisieron ayudarlo les puso piedras más grandes, porque eran especiales para él. Entonces Seijuro vislumbra algo especial en Shinta y se lo lleva a su casa. En el camino decide cambiarle el nombre.


"Shinta es un nombre demasiado gentil para un espadachín. Te llamarás Kenshin", le dice como si cualquier cosa.


Bien, resulta que Hiko Seijuro es el poseedor de una técnica de espada que combina la velocidad de Dios con una potencia formidable, una limpieza de movimientos y una ejecución impecable que decide traspasar a su nuevo pupilo. Viven alejados de todo en su montaña, pero Kenshin, posiblemente en algún viaje a la ciudad, se va enterando de la situación política del país, especialmente inestable. Quieren derrocar la actual forma de gobierno feudal por uno, posiblemente de tipo más occidental, que les asegure más igualdad en cuanto a la repartición de riquezas. Como entenderán, los cambios de ese tipo nunca vienen de forma pacífica, pues los samurái vieron amenazadas sus formas de vida y existencia. Pero es que había mucho abuso hacia el resto de las personas, y penurias, y gente dispuesta a hacer lo necesario por el cambio. Matar, si era necesario. Por eso se armó una guerra interna.


Estaban pidiendo gente para unirse a la causa revolucionaria y Kenshin decide enrolarse con sólo 13 años. Su aprendizaje del Hitten Mitsurugi Ryu estaba casi completo, por lo que piensa que está capacitado para servir al ejército. Hiko, que observa lo que pasa con menos pasión, intenta convencerlo de quedarse, terminar su aprendizaje y no meterse en cosas que no entiende del todo, pero el deseo de usar su poder en Kenshin es más grande y lo abandona.


Una vez lejos de su maestro, Kenshin es enrolado por la facción Ishinshishi, uno de los grupos que se oponían al sistema feudal, y al principio fue mirado en menos por su estatura y edad, pues él era un poco más bajo que el promedio, sin embargo, pesar de contar con un físico disminuido, sorprende a sus superiores con un formidable uso de su fuerza al manejar la espada. Uno de sus jefes lo llama aparte y le pregunta, derechamente, si él podría prestarle un poco de ese poder y si se siente capaz de matar a una persona. Kenshin responde que sí, realmente quiere ayudar, pero no tiene ni la más remota idea de en qué se está metiendo.


Kenshin empieza a trabajar en las sombras. Se mantenía oculto durante el día, hasta que le llegaba un sobre negro con el nombre de la persona a la que tenía que matar. Kenshin fue reservado para el asesinato de personas importantes, líderes del bando contrario, o auspiciadores (estoy suponiendo). Su primer asesinato no le dolió, o quizá él pretendió que no lo hacía. Tenía un compañero que se ocupaba de seguirlo, Iizuka, para cuidar que no lo emboscaran y limpiar algún rastro que el hitokiri (nombre que le daban a los asesinos como Kenshin) pudiera haber dejado. Nadie sabía quién era este hitokiri, pero algún sobreviviente tuvo que dar luces de su técnica, dada a usar la funda de la espada como apoyo a ciertos movimientos. De esta técnica "Battou", se desprende parte del sobrenombre con el que lo conocerían: Hitokiri Battousai.



Kenshin, en el fondo, es un ser bastante sensible, es decir, a él no le causa placer el matar ni le interesa el poder, como sí le sucederá a otros personajes de la época. Puede ser que su primer asesinato no le hubiera dado nada, pero ciertamente los demás empiezan a mellar algo en él. Kenshin está convencido de la importancia de su trabajo y no puede permitir que los sentimientos de compasión hacia otro ser humano lo compliquen, por lo que se esmera en no pensar en la vida que podría tener ese otro al que está matando, ni en su nombre ni en las cosas que le importan. Por lo mismo, procura hacer su trabajo rápida y limpiamente.


"Si más allá de mi propia katana ensangrentada y de la vida de las victimas hay una nueva era en donde todos puedan vivir en paz, entonces... en el nombre del los Dioses... yo mataré", se dice a modo de consuelo.


Sucede que una noche le toca matar a un político y a toda su escolta, pues le ofrecen resistencia. Uno de estos hombres de la escolta, pronto a casarse, no quería morir y fue quien más batalla le dio. Kenshin, finalmente, tuvo que matarlo, pero en el último momento este hombre logra herirlo en la mejilla izquierda.


Aquí las dejo. En la próxima entrada les cuento qué pasó después.


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