¿Por qué te llamas así?

De forma habitual, cuando escribo, empiezo a jugar con nombres y apellidos de los que usamos acá. Así van saliendo nombres como Sofía Reyes, Álex Ramírez, Florencia Flores y todo su séquito de amigos y familia. Supongo que no hay mucho mérito en ello, pero puede ser que haya más detrás de un nombre que simple fonética o darle un toque chileno al personaje.


Pues sí, porque tengo mi lado bueno y algunos seres queridos y especiales aparecen en medio de la historia o son protagonistas. Pero también tengo mi lado oscuro y vengativo, que explica el por qué los villanos se llaman como se llaman.


Empecemos con las cosas bonitas.


Cuando escribía por ahí, en fanfiction, y no me conocían ni en mi casa, tenía unas cuantas amigas. Paola de Colombia y Paola de Paraguay. Ellas siempre me estaban animando y yo las quería mucho.


Paola, de Paraguay, fue quien más apoyó algunas... excentricidades mías, y una de sus historias favoritas en ese entonces fue un relato que, años después, convertí en el libro Calma Perdida. Por eso, la protagonista tenía que llevar su nombre: Paola García. García, corresponde al apellido de la joven que aparece en la foto, la joven en quien basé el cómo se ve Paola. Aquella joven es una joven sureña y luchadora, de mejillas rojitas, por eso tenía que aparecer en la portada, con el paisaje de fondo.


De don Leo no hay mucho que decir, pues su nombre ya venía mencionado antes de tener una imagen gráfica de él. Solo que Leonardo me gusta mucho. Pintado para un artista.


De Sofía Reyes no hay mucho que decir, salvo de su apellido, que suena parecidito a Pérez (el mío). Cuando iba al colegio me enamoré de un profe y, claro, jejejeje, para él siempre fui una niñita, incluso de grande y en base a aquello nació esa novela. Álex Ramírez no tiene mucha historia, ¿o si? Cuando estaba en quinto básico conocí a un chico, Álex Rocco. Era el más valiente del curso, el que me defendía de los malosos, y siempre fue muy amable. Nunca hubo romance, pero como guardo un lindo recuerdo de él, pues, le puse su nombre al profe. Sobre su apellido, me gustaba, nada más.


El nombre de Rafael Ramírez, tal como el de Leonardo, venía mencionado en La última Prueba, y como entonces no tenía nada especial para él, no lo nombré con alguna intención, pero con Magdis...


A veces uno escribe y piensa en personas. Cuando buscaba en un nombre para la hermanita de Sofía, pensé en una de mis hermanas. Ya tenía el apellido parecido al nuestro (Reyes) Magdalena es parecido a Macarena, y por eso quedó. Porque el amor que le tenía Sofía a su hermana, yo lo tenía por la mía.


Hay un personaje de La Última Prueba, que se llama Fabián el Silencioso. Ese hace referencia a mi hermano Fabian, que es de estos tipos que habla muy, pero muy poco, y siempre para decir una gran verdad. Es lo más divertido que hay. Estoy que hago una religión basándome en sus enseñanzas. (¡¡¡Es 15 años menor que yo y mucho más sabio!!!)


Florencia Flores y Franco Orellana, de Bonita, son nombres que no tenían mayor intención.


Cristina, de la novela del mismo nombre, me gustaba mucho. Es el segundo nombre de mi hermana menor, peeeeeeeeero no estaba pensando en ella cuando escribía. Lo hice en mi mejor amiga, de apellido Araneda. La mujer que, a mis veinte años, me mostró las cualidades más maravillosas que puede tener una mujer. Era fuerte, noble, racional, con un corazón enorme, inteligente, creativa. Yo la miraba y pensaba "quiero ser como tú". Y bueno, esta amiga tenía sobrepeso, que la ponía insegura. En ella inspiré a mi Cris. Sobre Lucas Castaño, su héroe, me causó simpatía cómo sonaba su nombre, y quedó.


De Sintiendo Demasiado, esto lo expliqué en un post anterior. Originalmente Brisa se llamaría Rocío, pero me hastió el nombre por una telenovela que están dando acá. Debo reconocer que después de eso empecé a buscar un nombre con B de Blanca y quedó Brisa. El único problema con ese nombre es que yo soy empalagosa y detallista con mis escenas románticas, por lo que no podía poner: Marcel abrazó a Brisa, la risa de Brisa, Brisa abraza el brazo, jajajajaj. Marcel era un nombre que me gustaba, y Domínguez también.


Creo que cubrí todas las novelas. Ahora vamos a mi lado malo.


Soy rencorosa. Sí. Y los nombres de las personas que me han hecho daño van a aparecer invariablemente como los villanos o los secundarios que te caen mal. En La última Prueba, María y Francisca (no citaré los apellidos) aparecieron por algo similar a sus fechorías en el libro.


El villano de Calma Perdida se hizo sobre la marcha, así que no odio a ningún Ignacio. Pueden respirar.


El tío abusador de Magdalena se llama Miguel. La verdad, no tengo nada en contra de ninguno, pero Miguel suena parecido a Manuel, y jamás, jamás, un Manuel será bueno en alguna de mis historias. Tampoco los Elías o Eliecer, que también es un nombre reemplazo que he usado por ahí.


Las Gisela tampoco. Y hay una malvada en Cristina.


Por ahí, en Sintiendo Demasiado cité los nombres de tres amigas, a las que conozco, quiero y respeto. Ahora que lo pienso, hay mucho que contar en este aspecto, pero mejor lo dejo hasta aquí. Tengo que dejar material para otro día.




Que tengan un bello fin de semana.


Blanca.






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