Lecciones de papá

En Sintiendo Demasiado, Marcel, el protagonista, es el tipo de hombre que aprendió e hizo su camino a punta de estudios y esfuerzo. Es educado y va bien encaminado a alcanzar sus metas. Económicamente le va muy bien y por eso siente que su forma de hacer es la mejor.


En una escena con su madre, él hace un comentario sobre su padre, relacionado a los apuros económicos que vivieron cuando él era niño. Era la crítica de un hombre que pensó, su papá pudo hacerlo mejor. Captando aquello, su mamá lo aterriza.


De forma sutil, lo puso en los zapatos de su papá. Un hombre con apenas educación, que trabajó en lo que pudo, no por acumular, sino para dar bienestar a su familia. Un hombre que no iba de traje y corbata, pero que, con su oficio, mantuvo a los suyos. Gracias a esa lección de humildad, Marcel se da cuenta de lo que es fundamental y hace un cambio en su comportamiento.


Marcel no es un protagonista que caiga bien de buenas a primeras, porque es pesado y directo, a pesar de su buen corazón. Pareciera que esta historia es propia de la ficción, sin embargo, hace unos días, me encontré en una incómoda situación que me puso a reflexionar al respecto.


Iba en el auto con mi esposo y padres sentados atrás. A mi esposo le llegó un mensaje de texto a través del teléfono del trabajo, pero como él conducía, yo lo revisé. Me reí de las muchas faltas de ortografía de quien escribía, y lo hice notar. Obvio, una escritora como yo, que sabía tanto, no podía permitir algo así sin una suerte de escarnio social. "Mírenme. Yo, que sé más y veo todo desde mi Olimpo, puedo decir que esto está mal escrito. ¿Por qué esta persona no se esfuerza en escribir mejor? ¿Qué tanto le puede costar?".


No es tan raro hacer estos ejercicios. En redes sociales nos reímos de los jóvenes que no se esfuerzan en escribir correctamente. No nos enamoraríamos nunca de un tipo que mandara un mensaje de amor lleno de palabras mal escritas. Me pareció natural, por tanto, señalar a quien mandó el mensaje. Ni siquiera lo pensé. Lo hice.


Mi marido algo dijo, en tono de broma. Desde atrás, escuché la voz de mi padre.


"Yo nunca aprendí a escribir bien"


Mierda.


Sentí un piedrazo en el pecho. Traté de arreglarla.


"Usted tiene una letra horrible, pero escribía bastante bien", comenté. "No tenía tantas faltas de ortografía".


Cuando vivía con mis padres y mi papá tenía que mandar alguna carta, yo la revisaba y la reescribía antes de enviarla. Sí, tenía varias faltas y él lo sabía, por eso me daba sus notas a revisar.


No pudo aprender porque llegó a tercero de primaria. De ahí se salió de la escuela a trabajar. Eran otros tiempos, dirán ustedes, y es cierto. No pudo retomar porque prefirió seguir trabajando. A sus cuarenta años, él enfrentaba un nuevo matrimonio con tres hijas pequeñas y no paraba en todo el día. Con sus mañas y aciertos, protegió a su familia. A mis cuarenta, yo apenas tengo un gato y un marido, y he podido forjar una vida a la medida de mis necesidades, sin hacer grandes sacrificios, porque todos los hizo él. No sé lo que es desvelarme por otro ser humano.


Haciendo las comparaciones, salí perdiendo. La verdad es que me dio vergüenza.


Me sentía orgullosa de mí por saber donde poner un puto acento y una h, y hacer una composición mejor, pero ya no. Solo aprendí algo porque quise y porque pude hacerlo, ya que se me daba de forma natural. No veo mucho mérito en eso. Los peces solo respiran bajo el agua, las aves vuelan. Los que tienen buena voz, cantan. Los escritores escribimos.


Resolví lo que se pedía de mí en el mensaje del celular y lo dejé por ahí. Pedí una disculpa y seguimos el recorrido. Qué fácil es juzgar un resultado sin saber cómo diablos llegó de esa forma.


Desde luego, siempre se valora una buena ortografía, como muestra de respeto y educación, pero tampoco se puede juzgar a la ligera a una persona por ver unas cuantas letras en un mensaje. No todos no aprendieron a escribir por flojera.


Así que, con Marcel, estoy formando un club de hijos tontos y arrogantes que recibieron una lección. Algo que nos hace más humanos y empáticos con el resto. Creo que a ambos nos tocaron los mejores papás del mundo y un respaldo a la hora de formar nuestras vidas.


No puedo dejar de recordar, antes de terminar, un comentario que leí hace poco por ahí. Una joven decía que ella, si veía alguna falta de ortografía o de tipeo en un libro, lo dejaba de leer. Que era más fuerte que ella. Me pregunté si, en el caso de escribir un libro y hacer el trabajo de un autor independiente, pensaría igual, aunque de eso podemos hablar en otro momento. Dejo hasta acá.


Blanca.








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