La Primera versión de Sintiendo.

En 2006, después de vivir con depresiones recurrentes, me diagnosticaron Trastorno Bipolar. Significó una liberación y una cárcel a la vez. Supongo que algún día hablaré de esto último más en extenso, pero por el momento, me enfocaré en la novela.


La primera versión de Sintiendo Demasiado se llamó En tu Corazón. La escribí poco después del diagnóstico. Quería mostrar un poco mi visión del asunto, de las depresiones y el dolor lacerante que producen, aunque por fuera esto no se note tanto. Desde luego, todo aquello en un fanfic rosa de unos 9 capítulos.


En aquella historia, había un abogado mucho más dulce y feliz con su vida, que tropieza con una despistada y estrafalaria joven con la que simpatiza. La entrevista horas más tarde para ofrecerle un trabajo, pero no la reconoce, porque la estrafalaria va mucho más ordenada, maquillada y bien vestida, suplantando a una amiga.


Tiempo después, cuando él la descubre y amenaza con demandarla, esta joven lo conmueve con sus lágrimas. Ella no pensó que le hacía un daño a nadie.


En esa versión había una trama paralela, sobre una familia que no quería a la estrafalaria por sus rarezas, por lo que le prohíben ver a la única persona que ella quiere en verdad: una prima menor. Como el mundo es pequeño, nuestro abogado era amigo del tutor de esta prima menor de edad, quien le encarga investigar a nuestra Brisa de entonces. Es así como él se va metiendo en su vida, en parte por interés, y también de encubierto. Él averigua solo que ella estuvo en un psiquiátrico, pero no alcanza a preguntarle qué pasó porque ella llega a la crisis bipolar y pasa una depresión terrible. Como no quedaba de otra, a él le tocó cuidarla y, más tarde, seguirla en las aventuras que ella va pasando, dándose cuenta de que ella vale mucho más que lo que los demás le pueden contar.


Seré honesta. El título En tu Corazón, hacía alusión a otra subtrama de esta historia: Un joven enfermo cardíaco, que está enamorado en secreto de Brisa. Él es muy jovencito y sus posibilidades son mínimas de supervivencia. En esos años yo no veía mucha salida a mi problema, porque los medicamentos tardaban en funcionar, y veía que la única salida para Brisa era morir y descansar de una buena vez. Entonces su corazón sería donado al jovencito. Ella moriría defendiendo a su abogado monocromático (en esta versión, Marcel ya era gris) y él reharía su vida tiempo después, reuniéndose con este jovencito cada poco tiempo para recordar a Brisa.


Yo estaba muy convencida de matar a Brisa, así que se imaginarán cómo me sentía respecto a vivir con un trastorno bipolar. Pero pasó que, si bien alineé la novela en esa dirección, al final me di cuenta que el medicamento si me estaba haciendo efecto y que, en vez de seis meses, la depresión de ese año duró solo un par de semanas. Y eso ya me era mucho más soportable, por lo que pensé que Brisa y Marcel podrían tener una oportunidad. Un final feliz. Eso fue lo que escribí.


En la vida real... ah, no. No daré tantos detalles, pero por esos días me casé. También tuve mi final feliz.


Cuando retomé esta historia en 2016, quería que fuera mi novela debut, pero me di cuenta de que ya no veía el trastorno bipolar como lo hacía entonces. No era una cárcel de dolor, sino que también, de momentos intensos y luminosos (aunque estos también causan dificultades). Por otro lado, mi intención era escribir algo más o menos realista, y había situaciones de fanfic que difícilmente encajarían en esa visión, por lo que cambié de idea y lancé Bonita como novela debut, mientras preparaba aquella historia con más calma.


Me demoré cuatro años (durante un año no la toqué, por eso no son cinco), pero no me arrepiento de nada. No sé cómo la irán a percibir las lectoras, pero a mí me ayudó mucho y me siento agradecida de Marcel, del muso de Marcel en la vida real y de Brisa.


Creo que el verdadero final feliz, para Brisa y para mí, fue seguir adelante y explorar nuestros talentos. Atrevernos a amar y aprender a amarnos.


Blanca.





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