El amor después del amor

Hace un tiempo comencé a escribir una serie de novelas con las que no sabía mucho qué hacer. Se basaban en mi anterior trabajo, Sintiendo demasiado, del que quedé con muchas ideas y ganas de seguir contando cosas, sin embargo, además de los protagonistas otros personajes me demandaron atención y quise contar más de ellos.


Finalmente, con lo que me quedé, es con tres novelas que, si bien se pueden leer de forma independiente, conforman una historia más grande, en la que la protagonista sería Javiera Robles, una abogada de familia. Pero antes de seguir, les contaré cómo nació todo esto.


En Sintiendo demasiado, Marcel, el protagonista, tenía un comportamiento marcado por una historia anterior, aunque él no era muy consciente de eso. Puesta en el trabajo de componerle un pasado, comencé a contar una historia sobre su primera esposa y los motivos que ella tuvo para ser como era. Al releer, pensé: Guau... esto está bueno. Quizá se merezca un libro propio.


Al editar Sintiendo, me di cuenta de que, o contaba una gran historia de 600 páginas, o mejor entraba a dividir, que fue lo que terminé haciendo. Yo soy el tipo de escritora porfiada, trabajo sola, por lo general, pero, aunque últimamente estoy mostrando mi trabajo a un grupo del que recojo opiniones más bien intuitivas, las decisiones de qué va o no las tomo yo.


Podría haber tomado las tres novelas y fundirlas en un libro, pero como se hablaba de más de una pareja y no quería que perdieran protagonismo, opté por mantenerlas independientes. La verdad es que me gusta el resultado, si bien hay que trabajar el triple con esto de las portadas y lanzamientos, que me da más de un dolor de cabeza.


El título de esta trilogía tiene nada que ver con la famosa canción de Fito Páez. Se limita a hacer referencia a personajes adultos que ya pasaron por la fase de pensar que habían encontrado al amor definitivo de su vida, o que siempre permanecerían solos. Incluso, que sus vidas iban bien como estaban. También habla sobre las heridas de guerra que recibieron y que, aunque las pensaron superadas, al final se notaron en algo de su comportamiento. Ninguno salió indemne, pero fortalecidos en cierto modo.


Me gusta pensar en que es una serie que da cierta esperanza. Cuando se es joven y uno quiere todo de inmediato y es todo tan absoluto, y ante una ruptura se piensa que una ya se gastó su única oportunidad, no se vislumbra que con el tiempo uno verá las cosas de otra manera o que conocerá más gente que nos pondrá el mundo de cabeza. A veces no viene con la intensidad aparente que uno espera de una película, pero sí con la suficiente como para enraizar en nosotros y proporcionarnos una maravillosa época de florecimiento inspiración y segunda juventud.


C. Blanca.






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